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VIAJE A PARÍS
ENERO 2010
El pasado 28 de enero –y aprovechando el puente que Santo Tomás de Aquino
nos brindaba- diez alumnos de 3º y 4º de E.S.O.
y 1º de Bachillerato, acompañados de los profesores de CC.SS. y
francés, partimos rumbo a la capital de las luces, el amor y los
“croissants”… para pasar cuatro inolvidables días en los que pudimos
descubrir cada rincón de la capital francesa.
Estos alumnos sacrificaron su mañana de paellas, juegos y gymkanas para
coger un avión en Alicante que nos dejaría en París alrededor de la nueve
de la noche; pero creo que mereció la pena, porque nada más llegar,
dejamos las maletas en el hotel y, tras la alegría que se llevaron algunos
al descubrir que las camas eran de
matrimonio…, nos abrigamos bien y salimos a pasear por las calles de
París para poder contemplar Notre Dame,
la Tour de Saint Jacques,
la Sainte Chapelle, le centre Pompidou y, cómo no, la Torre Eiffel
iluminada. Creo que ya sólo con eso, el viaje había merecido la pena, pero
aún nos quedaban tres días de paseos y visitas.
El viernes 29 de enero nos levantamos temprano para aprovechar bien el día
–y así fue-; quizás nos apenó un poco que amaneciera lloviendo, pero
nuestros alumnos estaban más que preparados con sus gorros, sus dobles –o
triples- calcetines y sus paraguas o chubasqueros. Así que, tras tomar el
típico desayuno francés (café au lait et croissant),
encendimos nuestro “GPS con patas”
(como acabaron llamando los alumnos a D. José A.) y nos embarcamos en el
metro y…primera parada: Trocadero y la Tour Eiffel. No
olvidaré esas caras que, tras salir de la boca del metro y girar a la
izquierda se encontraron de lleno con “la femme la plus belle de Paris”
(así es como llaman los parisinos a la torre Eiffel), y es que, por mucho
que os lo cuenten, hay que estar allí para admirar ese monumento tan
característico de la ciudad. Tras los múltiples regateos y compras con
aquellos vendedores que parecían
“teletransportarse” de un lugar a otro en cuestión de segundos (jeje),
subimos a la Torre
y admiramos toda la panorámica de la ciudad (¡qué pena que el tercer piso
estuviera cerrado!).
Después fuimos a comer al encantador barrio de Montmartre, barrio bohemio
en el que se encuentran las mejores creperías. Allí, no sólo pudimos
contemplar la iglesia del “Sacre-Coeur”, sino también -y me atrevería
a decir que fue lo que más gustó a las chicas-
el muro del amor, un muro perdido entre las calles en el que podemos
encontrar en mil lenguas diferentes “Te quiero”.
Tras este ratito de “amor” nos fuimos a otra zona bastante diferente – y
aquí creo que los chicos disfrutaron más…-: “Le Moulin Rouge y
la avenida en la que se encuentra.
Pero aún nos quedaba tiempo y cosas por ver; volvimos a coger el metro
para subir a la zona financiera (La
Défense) y ver el increíble arco que allí se encuentra y
paseamos por la explanada para volver al famoso “Arco del Triunfo” y coger
allí un autobús que nos pasearía por los Campos Elíseos, con parada en “Le
Grand et le Petit Palais”, el puente de Alejandro III y la plaza de
la Concorde.
Las fuerzas ya empezaron a desfallecer y alguna que otra alumna ya
empezaba a quedarse hasta “ciega”
del hambre y del cansancio (jeje), así que nos embarcamos como locos a
buscar una hamburguesería en la que reponer fuerzas para seguir. Gracias a
ese tentempié pudimos continuar nuestro paseo y ver el Palacio Real y la
plaza del museo del Louvre por la noche. Para cenar decidimos ir al famoso
“Quartier Latin” ya que está repleto de bares y restaurantes de todo tipo.
Decimos cenar todos juntos en una pizzería que ya D. José A. conoció en su
anterior viaje y que tuvo también mucho éxito en éste.
Tras la cena, fuimos a dormir que, aunque con mucho ánimo, el día fue
intenso y necesitábamos descansar y retomar fuerzas para el sábado (aunque
creo que aún hubo fuerzas para alguna que otra sesión de peluquería y
alguna que otra partidilla de
póker).
El sábado ya no llovía pero hacía
un frío bastante importante –testigo era la nieve que había por las
calles de París-. Así, comenzamos la mañana visitando el museo del Louvre
(la “Gioconda”, la “Venus de Milo”, etc.) Tras ese recorrido por los años
y el arte, fuimos a la Ópera y a
la Madeleine, para terminar el recorrido en las Galerías
“Lafayette” y comprar algunos regalos o souvenirs a la familia y amigos.
Después de volver a quedar para comer, nos encaminamos a “Les invalides” a
contemplar la deslumbrante tumba de Napoleón.
Al anochecer volvimos a
la Torre Eiffel para poder coger el “Bateau-Mouche” que
nos daría un maravilloso paseo por el Sena. El paseo fue encantador, es
innegable, pero la vuelta a la parada de metro…. Fue dura, eh?? Creo que
nunca habíamos pasado tanto frío.
J
Menos mal que los pasillos del metro siempre ofrecían calor, pero recordad
que debéis llevar cuidado al sentaros por allí, no vayáis a hacerlo
encima de un vagabundo, eh?
Volvimos al “Quartier Latin” para cenar y tras el brindis de nuestra
última noche en París, volvimos al hotel para descansar y preparar las
maletas para la vuelta.
Pero aún nos quedaron unas cuantas horas del domingo para ver la catedral
de Notre Dame y emocionarnos al escuchar el coro que cantaba en la
celebración de la misa y volver a Pompidou para hacer las últimas compras.
Cogimos el avión a medio día y por la tarde ya estábamos en España, aunque
creo no equivocarme al afirmar que todos los que fuimos dejamos un trocito
de nuestro corazón allí. La ciudad de París es maravillosa, eso todo el
mundo lo sabe, pero verla y aprender de ella con amigos, con sonrisas, con
un guía excepcional y con tanta ilusión, no tiene precio (como dice el
famoso anuncio de la tarjeta).
Gracias a todos y espero que, como yo, nunca olvidéis esta experiencia y
volváis a repetirla cada vez que podáis.
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